lunes, 18 de mayo de 2020

La Paranoia


Las señales, aquellas instancias que encajan en la estructura de realidad que configura cada persona de forma independiente, subjetiva e irremplazable y al mismo tiempo interconectada con otras personas, que en conjunto decidieron y no, estar insertas en una sociedad, esas imperceptibles que fueron notadas por el ojo agudo de quien va más allá, porque sentir que lo simple es inconcluso forma parte de la primera señal.

La paranoia es en sí, un conjunto de señales que justifican el razonamiento, lo encapsulan y lo convierten en la realidad, pudiendo entonces cualquier persona religiosa ser paranoica y asignar causa y efecto a su realidad para sostener esa estructura, aunque no todo paranoico es religioso en el sentido estricto de externalizar el pensamiento y asignarle características divinas a la imaginación. La paranoia, sin embargo, como todo reflejo y proyección de la razón tiene matices que en ocasiones inestabilizan la misma estructura que intentan sostener, una especie de boicot autogestionado cuando el razonamiento supera los umbrales de gestión del dolor, es decir, tiende a suceder cuando la estructura que denominamos realidad es asimilada como muy violenta o agresiva y es necesario desfigurarla para poder suponer que no está sucediendo o que si sucede es producida por la intervención de algo más, fuera del alcance, incontrolable y, que generalmente tiene directa relación con el estímulo que produce el dolor. A este proceso de adaptación se le podría llamar colapso -porque distorsión parece el acto de un flujo sobre otro, fuerzas opuestas que potencian la idea de la existencia de lo interno y externo- y encontramos en el colapso más alternativas que solo suscitarse, como, por ejemplo, mantenerse colapsado hasta encontrar estabilidad, un espacio en el imaginario de experiencias que replique la tranquilidad más cercana al bienestar optimo, bajo las condiciones que siguen siendo evaluadas desde la estructura de realidad alterna que fue cuestionada. Entonces el colapso es, en sí, una estructura alterna generada por el entorno que permite el espacio al duelo por la pérdida de la estructura que sostuvo tantos recuerdos que en la memoria cambian en su evaluación de positivo a negativo y viceversa.

Entrar en el colapso es algo simple y complejo, complejo porque quien esté en colapso se sentiría menosprecio a su estado si dijéramos que no es así y eso muestra lo frágil del tránsito, complejo porque en el colapso se duda de todas las capacidades y habilidades que sujetas a prueba con anterioridad ya no tienen o tendrían efecto, se desequilibra el temple principal en cuestión de razonar, la autoestima, que moderada o no por el entorno permite trascender las bases de la personalidad. Simple, pues es muy fácil entrar en colapso, creer en algo y que ese algo no sea, no exista, no accione, no y más no, con esa sensación de infinito -incluso si la negación diera origen a la existencia, la creencia en algo al momento del colapso, no basta-.

Un sueño, pequeño, una simple expectativa, un deseo con matices de esperanza y otorguemos la categoría de posible, a modo racional, argumentado, que ese sueño se podría cumplir, probabilidad sin aseverar; Las personas escépticas buscarán formas de asegurarse, comprobar y controlar las variables que podrían influir en que se cumpla o no; las personas temerosas por tendencia se ilusionarán con la idea, pero la vivenciarán desde la sombra de lo que podría ser y movilizarán sus angustias para sentir que no es posible, pero que aun así deben intentar que lo sea, porque la valentía es algo que el temor conoce bien; las personas seguras sentirán que es posible, lo vivirán y frecuentemente buscaran maneras de compartir ese sueño con personas que no sean seguras para poder reafirmar su estado "inalterable"; todas esas personas colapsarán, por una interacción con otras personas, pero también consigo mismas, con la fragmentación de la razón en varias de ellas, por el encuentro con otras realidades tan válidas como inválidas, porque se decide auto engendrar una justicia que otorga la verdad.

La paranoia sobrevive en base a la desconfianza, en base al sentimiento de, la sensación de, la capacidad de, con un suspenso que no se resuelve con el ejercicio de vivenciar, sino que se rumea con la ideación de. Por la paranoia es que se escriben estas palabras, por esa razón, idea y estructura y por las señales que desde que comenzó el día en las ensoñaciones, cuando el día comienza, aparecieron y lograron ser captadas, el narcisismo es una de las señales más sinceras de la paranoia.