viernes, 14 de diciembre de 2012

Desvaído

De momentos, que palpables, que visibles y cada uno con diversos matices, de ellos, se desprende la incertidumbre, ajena a lo altanero y sin vergüenza entendida como un imposible, más recurrente en los años venideros sin duda, porque de tales expresiones hasta nuestro inconsciente. 
Mófate de ti mismo, por falta de elocuencia, busca el desmedro de tu alma sin saber el móvil, sin conocer tu sombra, que desde hace ya tiempo comparte contigo lo mismo y más presente, siempre está alerta a quien pueda ver pasar. 
Respirar el aire emotivo, concentrar la mirada para no lastimar, buscar la excusa perfecta, intentar enmendar porque la cortesía dejó huellas intocables, admitir la nostalgia de un posible nunca más. 
De esos y buscando otros, en la pérdida constante de energía, en la sumisa tradición de conquistar, en esos lazos irrompibles del silencio que pocas palabras yacen demás. Regenera, restituye, divide y concerta, fragmentos de goces, episodios de alegría, solitarios y aislados de la posibilidad, reunidos por conexiones inexorables destinadas a volverse a forjar. 
Si pudimos y ya de antes, si está es otra y cuantas más, tal vez aún hay tiempo, tal vez la opción siempre está. 
En manuscritos de independencia absuelta y robusta, bien ostentosa la palabra y la verdad, desde allí y sus cimientos, cada paso, cada mirada, donde en circunstancias el silencio dice más, encontrar la ruptura, alzar la mano, soltar el ave, dejarla volar, porque su instante es cada segundo añorarle verdad.
Sin adyacente y limpio se fomenta un ideal, que con tropiezos el camino, que con valores de igualdad, por completo importante y agradecido por remanente sinceridad, de un recóndito estimulo, no asientas ni con la mirada, ni con palabras, auscultas ignominias marionetas cuyos lazos en favor debes dejar atrás.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Procesos y refuerzos

De vez en cuando, hay fortunas que se precipitan contra la tierra, como la lluvia, pero catastróficas corrompen el cambio, extravían la historia, fragmentando prótesis de alegría, donde de rupturas nace el vientre, del vientre la nostalgia y el recuerdo es la prueba única del ayer. De cuando en cuando, la maquina fabrica sueños, de aquellos con los que todos esperan algún día jugar, pero la moraleja de esto no existe, porque es un hoy, ahora y por siempre, infinito inexistente el que debe, el que acciona. 

Cuando los pensares se fusionan con las mareas, con mariposas, con ilusiones, cuando el cuerpo se conecta y proyecta al fin su alma, libre para todos, pero no por cualesquiera, se detona un momento omitido, un árbol, una sinapsis, un impulso de amargo color, pero claro, siempre y más, con nubes en el cielo, resplandece al amanecer, junto a la esperanza, junto a la substancia y poemas de tinta verde. De ese amargo las palabras y de esas frases, sentimientos, duraderos no, prolongados y estacionarios, impropios, determinantes lícitos, que llevan consigo una carga, pero sería imprudente hablar de olivos, porque de suaves nubes se ha reído el rostro y de duras piedras a derramado el saturado objeto, santuario que incita estos versos. 



Solitario le canta a la luna, apasionado ante su hermoso resplandor, fiel hasta el último suspiro, en búsqueda de más, porque para ella poco es suficiente, para él, siempre ha de haber engrandecimientos y es en esas andanzas que nómade, perplejo por lo expuesto, se resiste a caminar, porque serán esos pasos definitivos, porque serán aquellos la verdad, que legitima, que respira, que presenta, que con coraje o sin él, deberá afrontar. 

Piedras y palos, risas y cantos, bailes al destino, alabanzas a los dioses, profundidad, presión, calor y frio, cosquillas dominando cada uno de los sentidos, siempre múltiple es única y para todos lados la presente, en base a supuestos, debería entonces no creerse, sino crearse, porque de imaginación se realizan las maquinas, con creatividad, con elocuencia y torpeza, con susurros y gritos, ante todo, con amor. 

El viaje continúa pero ya no hay pasajeros a bordo, las aves volarán al sur inevitablemente en otoño…

lunes, 22 de octubre de 2012

De ser amor…

Porque es el momento justo, imparcial, ecuánime, un instante en que todo se vuelve más de lo que fue y el inicio de lo que será, la esencia transforma la figura y el entendimiento se forja con la concepción de un nuevo espíritu, uno risueño, fantasioso, jovial y encantado de si mismo, casi como, y siempre más. Entre miradas, entre ventanas que cerradas buscan la luz, que descubiertas concuerdan fueron deslumbradas por un sí.

Al respirar, al correr, al imitar, al reír, al mirar y entonces en el fondo, muy adentro vive, está ahí, de la nada, de un todo, justo cuando no debió ser bienvenido, en otro, en un yo, en un instante de tres y menos o más, casi como si las hadas hubieran tomado el peso de su trabajo, casi como cumpliendo cuota con Cupido, casi como si las flores en primavera realmente tuvieran efecto, de ser uno o más, de poco a tiempo descubierto, expuesto.

Recuerdos que tornan azulvioleta la memoria, con poco peso y mucho espacio, sin pensar en cualquier cosa, en tiempos la música aparece y retoma su ritmo, al compás, melancólico… 

De pronto, nunca inmediato, pero cuyas pausas son acertadas, la batalla, la tormenta, tempestad de siluetas, de destinos, de saberes y placeres que no dibujan sin tinta ensangrentada aprecian la distancia, proyectan cantando y danzando todo y nada queda fuera, porque palabras sobran cuando el viento vuelve con afán de sincero.


Cuando internamente se genera en conjunto una idea, cuando la conexión vuelca los sentidos y se da la permanencia, en instantes de soledad y misterio, cuando el inconsciente injusto y despreocupado se presenta para dar su veredicto, en esos momentos mi voz, traviesa y prepotente gusta de opinar, alza el tono y se hace escuchar, repitiendo la misma frase no una sino cinco veces: “¿Si me amo, entonces ahora por qué o quién lo hago? Y de hacerlo, seré capaz”.

El anhelo de algo distinto, dejando la trillada y rebuscada rutina atrás, el deseo de ese sacrificio milenario por la restitución del equilibrio, esa solución disuelta en lo absurdo y transformada en cristales que ordenados vuelven a brillar, esta vez para un adiós.