martes, 8 de noviembre de 2011

Incandescente

Curioso para cada quien busca encontrar lo que nunca desapareció, que inocente y escondido, se mantuvo expectante al juego que lo haría renacer. 

De sobra comentar alucinaciones, introspecciones del alma que no deben sino drogarse para poder no existir, búsquedas unísonas de puerto en puerto, remolinos de viento, agua y música que envuelve los sentido, agotándolos y obligándoles a cesar. 

Cristalino que poderoso alimenta la furia, reconstruye la esperanza e instruye al maestro, donde el guía pierde su rumbo, el demente vuelve a tener razón, el hábito no es un peso, sino un afable sentimiento de goce en oración. 

Vuélvase inexperto, novato, casto, porque no existe una persona capaz de seguirle los pasos a quien no escucha ni puede temer, sentir el agua entre los dedos a de ser una de las miles que no mantuvieron los piratas al volverse prisioneros. 

Observar el horizonte, penetrar cada y buscar con quien, hallarlo y solo si estuvo siempre al frente, señalarle con mal comportamiento el índice otorgó la vulnerabilidad. 

No encontrándose en el discernimiento, desconociendo su posición, entregó a quien, donde y cuando, el tiempo, el espacio y su noción, la única versión posible, el único tratamiento, cura y rendición.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Displicente

Digámoslo así: Lo que a simple vista puede parecer complejo, deja de serlo si de profundizar se tratase. No es que cualquiera deba, pueda, crea o simule a quién o cuál manifiesto de ansias, de ser correcto y nunca me equivoco, estoy tan prójimo como antes y soy menos de quien fui hace siete siglos atrás, pero sin embargo borracho y sin conocimiento de lo propio derivo en la causa más paupérrima al parecer de quien ordena mis pensamientos.
Complacido, extrañado y sin sentido más que obrar de vez en cuando, drogarme de éxtasis y placer, llenar lo adyacente, perplejo, turbio, suprime dos o tres de mis sentidos y unas nueve conciencias de las cuales pretendo desligarme, pero ¿qué digo? Si eso no puedo querer deber hacerlo. Mirar, reír, desear vivir, autorizarle demencia y confiar en la paciencia de quien vino por recomendación de los infractores que subordinados controlaron lo necesario.
Y fue suficiente, desbordante, más que asfixiante, casi insoportable, pero cada segundo lo necesito, como el sonido, entiendo los ritmos perversos, consecuentes con su entorno sintonizan lo que deben, destruyen los axiomas de lo estructurado y desordenan en lo perfecto solo aquello que no se deja a un lado, pero dónde aparezco, en qué momento me desvanezco, de qué sirve que me encuentre, si de serlo estoy frente a frente y mantengo lo presente sin siquiera moverme.
Comodidad y suplicio en derrames incontinuos pero que el tiempo ha visto ciclos y ciclos de aquello, donde las perturbaciones condicen mis emociones que atorrantes pretenden no ser más de lo que siempre han sido. Rompamos entonces a quien de tolerante se presente porque murmullos en silencio no concibo sin un protestante inconsciente, sin confesiones formalmente sobresalientes y anotaciones equivalentes a lo que deseo.
Contracciones de risa y estallidos de deseo, no importa quién o cuál sino cuanto ha de esperar por otro intento.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Cualquiera


Quien quiera volverá y entonces canta cuanto perfume le posesiona la vista, encantado de tantas ensoñaciones podríamos continuar gritando que se trata de sangre real, no de dragones, sino de bestias fieles a la ley, que nacida invento la revolución. 

De salto en salto las llamas rodeaban las siluetas de corazones que murmuran brillos estelares, manifestaciones de valentía y orgullo que en la cima de lo perplejo no continúa después de la hora del té. 

Oculto y casi tartamudeando consolida la historia, pero viejo es el camino de rocas que donde el cantinero descansa en paz, con él, por él, vivió cumpliendo su fe como un sacerdote sus votos. 

Oportuno en instantes cuando la corriente se abre paso, pero el vuelo inerte corrompe a los políticos, que conociendo la acción del no nato generan el verano perfecto para castos vertederos y bosques. 

Húmedo el interior de cada íntimo instante, que en el sol solo despeja el camino a las carretas de Morfeo, mas de aquellos y el poder no incumbirá sino a las mazmorras de lo infinito. 

Entonces al camino siempre existe suprimido por quienes no han escrito sus líneas.